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 | Tomás Juárez García-Gasco (1989) |
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"Un cuarto de siglo de historia"
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En Rozas de Puerto Real, justo donde empieza el Valle del Tiétar, en el año 1933 la Diócesis de Madrid construyó el Seminario de Verano; un edificio alegre y funcional donde los seminaristas pasaban unos días de vacaciones.
En el verano de 1964, el entonces Arzobispo de Madrid, D. Casimiro Morcillo advierte que el Seminario de Madrid se ha quedado pequeño, aún después de la ampliación de la calle Jerte. Ante la demanda de muchos jóvenes y niños que piden su ingreso en el Seminario, se ponen a punto los edificios existentes (Madrid, Alcalá de Henares… y el de Rozas).
Un arreglo podía ser suficiente para albergar a los 137 muchachos que ese año habían pedido su ingreso en el Seminario. Empezaron las obras y en septiembre todo estaba a punto. Don Casimiro envió a este incipiente Seminario Menor a un nutrido grupo de sacerdotes: Francisco Martínez López, como Rector; Tomás Juárez García-Gasco, Prefecto de Disciplina; Leopoldo García García, Secretario de Estudios; Antonio González de las Heras, Director Espiritual; Tiburcio de Miguel, Administrador. Y esta nueva institución de la Archidiócesis de Madrid-Alcalá debía compartir la tarea de formar a los chicos con el Seminario Menor de Alcalá y el de Madrid.
Había que dar vida y forma a tres dimensiones de la formación de los jóvenes: Seminario - Centro educativo - e Internado:
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Como Seminario, el trabajo de formación religiosa y cultivo vocacional se dirige a propiciar una formación cristiana sólida, una vida interior intensa, que preparara a los chicos para descubrir su lugar específico en el mundo y en la Iglesia.
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Como centro educativo, se conjuga la exigencia y el trabajo de los alumnos con la dedicación y buena preparación del profesorado. Se consigue un nivel de conocimiento y el reconocimiento oficial de los estudios. El Colegio-Seminario destaca por el trabajo y dedicación de los profesores que hacen posible una auténtica comunidad educativa, que ayuda a crecer a los muchachos en todas las dimensiones de su personalidad.
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Como internado, se hace un gran esfuerzo en que Rozas sea con sencillez una “casa grande, y familia de alegría”. Ambiente de familia, trabajo, exigencia, responsabilidad, amor, cercanía, presencia, amistad, es el entramado de la vida del Colegio. La nueva casa tenía que ser prolongación de la vida y educación familiar, completando pero no sustituyendo el ámbito familiar. Así se va facilitando el internado para propiciar el encuentro con la familia: Al principio las visitas familiares fueron una vez al mes, después cada quince días y ahora todas las semanas. Encuentros de oración, de formación, convivencias de Navidad, fiesta de fin de curso y viajes.
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Así se inició un proyecto que se ha ido consolidando y enriqueciendo. Íbamos creciendo y al mismo ritmo debían crecer las ideas, los planes y las instalaciones, nada se podía quedar «pequeño».
Hasta el curso 1978-1979 los alumnos de Rozas que tenían inquietud vocacional, terminada su estancia -que podía ser de 3, 4, 5 años- continuaban sus estudios en el Seminario Menor de Madrid. En este momento se planteó la opción tomada por otros centros análogos de suprimir el internado. Los alumnos, los padres, los profesores, y quienes tenían la responsabilidad discernieron lo que sería mejor para los alumnos y para la Iglesia. Le sugirieron al Cardenal Tarancón la posibilidad de que en Rozas continuasen los alumnos internos y que se estableciera la posibilidad de cursar BUP aquí. El Señor Cardenal, que desde su llegada a Madrid había seguido muy de cerca la vida de Rozas, vio con agrado la solución y dio luz verde al proyecto.
Esta novedad parte de una convicción: Se quería propiciar una formación cristiana que facilitara el discernimiento vocacional. En lugar de reducir el Seminario Menor de Rozas a “Colegio de la Iglesia” se aspiraba a que fuera Seminario Menor, con la intuición de que todos los colegios de la Iglesia, según el deseo de la Iglesia y del Concilio, habrían de ser iguales en este sentido: ambientes de vida cristiana donde los jóvenes pudieran discernir su vocación.
El Colegio-Seminario de Rozas ha sentido muy cercana la presencia y el cariño de nuestros pastores: Don Casimiro Morcillo estuvo presente y alentó la nueva experiencia; él la puso en marcha y la quiso como propia, gastó muchas horas conversando con los alumnos y sus padres. El Cardenal Tarancón hace su primera visita a Rozas, siendo Administrador Apostólico, y desde que es nombrado Arzobispo de Madrid no deja de preocuparse por sus proyectos, buscando solución a los problemas. Así en el año 1972, dispuso la construcción del nuevo pabellón de clases, apostó por su continuidad, y por su línea educativa y estuvo presente en celebraciones con profesores, alumnos y familias. El Cardenal Suquía, desde el primer momento de su llegada a Madrid nos tiene presentes y nos manifiesta su estima y cariño.
(Recensión del prólogo del libro "ROZAS, XXV años ayudando a crecer 1964-1989")
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Instrucciones Laureano Gallego Fernández (16.IV.2004)
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