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¿Por qué internos?

La familia es el marco natural donde se desarrolla la educación de niños y jóvenes; es el ámbito donde lo hemos recibido casi todo: a todos los niños les hace falta el cariño, el calor humano, y los valores que han recibido en sus casas.

Estar internos, sin embargo, tiene algunas ventajas que conviene no olvidar:


Su rendimiento académico puede ser mayor, porque disponen de profesores que tutelan su estudio diario, ayudándoles a incrementar su concentración y a aprovechar mejor el tiempo.
Aunque disponen de suficientes tiempos de recreo y esparcimiento, tienen una vida y un horario muy ordenados, que también favorece su madurez personal. Levantarse, comer, estudiar, dormirse, divertirse... a horas fijas, crea en ellos hábitos que les hacen crecer como hombres, y no volverse caprichosos.
La convivencia con otros compañeros les enriquece enormemente, y desarrolla en ellos auténticas amistades, que en ocasiones durarán toda la vida.
Con facilidad, estos alumnos maduran más rápidamente que quienes viven sobreprotegidos. Tener que valerse por sí mismos, y tener que encargarse de alguna responsabilidad (la llave de los salones, arbitrar partidos, responsable del dormitorio, etc.), hace crecer en ellos la capacidad de solidaridad y sacrificio, de obediencia y responsabilidad.
Esta misma pluralidad y riqueza de jóvenes exige de ellos el respeto y la tolerancia que en la actualidad son tan necesarios.
Al evitar los traslados diarios, tienen más tiempo para otras actividades complementarias, que enriquecen sus capacidades y su cultura: favorecemos, así, la práctica habitual de varios deportes, la música, la lectura, el contacto frecuente con la naturaleza, etc.